Gestión del paisaje como derecho cultural, desde la planificación territorial: caso Cartagena de Indias – Colombia

Resumen

En Cartagena de Indias, la gestión del territorio ha evolucionado hacia un enfoque más integral, que reconoce la importancia del paisaje cultural como expresión colectiva, identidad y recurso sociocultural. En los últimos años, los instrumentos de planificación, como el Plan de Ordenamiento Territorial (POT) 2022 y los Planes Especiales de Manejo y Protección (PEMP), han incorporado explícitamente la dimensión cultural del paisaje, abordando su valor patrimonial, histórico y natural, y reconociendo la interacción de las comunidades con su entorno.

Aunque históricamente la gestión del paisaje se centraba en características físicas del territorio, actualmente se prioriza la percepción colectiva, la participación comunitaria y la protección de las manifestaciones culturales y usos cotidianos vinculados al patrimonio. Los PEMP del Paisaje Cultural Fortificado de la Bahía, el Centro Histórico y Castillo San Felipe buscan consolidar esta visión, aunque se reconoce la necesidad de extender su alcance a toda la población cartagenera, especialmente a las comunidades periféricas, para fomentar apropiación social, identidad y sostenibilidad.

El estudio destaca que el paisaje cultural no solo debe protegerse por su valor histórico y estético, sino también gestionarse de manera dinámica, adaptándose a las necesidades contemporáneas y promoviendo inclusión social, educación patrimonial y oportunidades económicas. La interacción entre cultura, patrimonio, territorio y sociedad permite generar una identidad compartida y fortalecer la relación de los habitantes con su ciudad, contribuyendo a una gestión territorial más sostenible e inclusiva.

En conclusión, la preservación y aprovechamiento del paisaje cultural en Cartagena requiere una gestión integral, participativa y perceptual, que combine protección del patrimonio, fortalecimiento de la identidad local y apropiación colectiva, garantizando que tanto los habitantes del centro histórico como los de áreas periféricas se involucren en la construcción de la ciudad como patrimonio de la humanidad y recurso cultural vivo.

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